Parashat Hashavua | 15-7-2016

Parashat Jukat

Por el Seminarista Gustavo Geier

¡Qué parashá triste...!
Una parashá en la cual hay despedidas importantes. Y pérdidas importantes.
La primera de todas, es la muerte de Miriam. Así arranca. Y más allá de la pérdida en sí de Miriam como líder, como consejera constante de sus hermanos Moshé y Aharón, significó siempre, desde la salida de Egipto el manantial de frescura que significaba el ser líder entre las mujeres del pueblo, y su especial relación con el agua.
Nuestra tradición nos enseña que por causa de Miriam, existía un pozo de agua que acompañaba a Benei Israel a lo largo de su camino por el desierto. Se detenía cuando el pueblo lo hacía, y se “ponía en movimiento” cuando el pueblo de trasladaba, asegurando la provisión de agua necesaria.

La pregunta que sobreviene es: qué es lo que ocurrió una vez ¿Qué Miriam falleció? Pues claro. El agua comenzó a escasear. Y el pueblo, vuelta a quejarse. Vuelven a reclamar a Moshé acerca de la conveniencia de haberse quedado en Egipto.
Y entonces ocurre el segundo de los episodios, y que pasa casi casi desapercibido, o, por lo menos, con una importancia mínima al lado del impacto que realmente tiene. Me refiero al momento de Mei Merivá. El momento justo en que Moshé “pierde” la posibilidad de entrar a la Tierra Prometida por pegarle a la piedra para que salga agua, en lugar de pedírselo, como se lo indicara Dios.
Nadie lamenta el hecho. El relato sigue como si nada. Y se acaba de dictar sentencia para Moshé. La tarea es sólo llevar a Benei Israel hasta la entrada a Cnaan. Y va a poder ver la Tierra Prometida en toda su extensión, pero nunca va a entrar en ella.
Como si todo esto fuera poco, continúa el relato con la muerte de Aharón. El Gran Sacerdote del pueblo. Aquel del cual se dijo que bregó siempre por mediar y perseguir la paz entre las personas. Aharón muere y las nubes que acompañaron y protegieron al pueblo y les indicaban cuándo debían detenerse y cuándo partir... desaparecieron. La presencia divina que parecía proteger al pueblo incluso en las batallas, no estaría más.
Yo diría que es la parashá del Bar Mitzvá de Benei Israel.
En una sola parashá, el pueblo debe aprender a valerse por sí mismo; sabe que sus líderes no van a estar más, o que falta poco para ello. Es el aviso de que un líder no es eterno. Que la ayuda de Dios y el apoyo, debe estar ayudado por el compromiso de cada uno, y no sólo en el apoyo o la virtud de un dirigente.
Jukat nos enseña que los milagros y las “ayudas” las hacemos en el trabajo de cada día, cuando ponemos manos a la obra y nos mancomunamos en una tarea de construcción conjunta.
Aun los grandes líderes, deben aprender a dejar crecer al pueblo y permitir el advenimiento de nuevos líderes. Y Moshé lo entendió. Y su grandeza radicó también en como preparó a su sucesor, Iehoshúa, para la enorme tarea de conducir al pueblo hacia la conquista de Cnaan. Esa tierra que manaría leche y miel, pero que nunca probaría.

Shabat Shalom.

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