Parashat Hashavua | Reflexión de la parasha Emor
Por Romi Krawiecki, Rosh Jinují
Si miramos a nuestro alrededor y reflexionamos a cerca del lugar que ocupa cada uno de nosotros, es difícil poder definirnos y posicionarnos dentro de la realidad que a la vez es compartida por otros.
Nuestro accionar esta atravesado de varias formas y son los otros también aquellos que nos marcan un camino a seguir. Nuestro entorno más cercano la familia, los amigos, compañeros de diferentes ámbitos ; determinan nuestro accionar, sentimientos y pensamientos. Aquellas vivencias compartidas, mensajes legados, espacios simultáneos ; nos permiten recorrer una realidad compartida en la que nos podemos reconocer a nosotros mismos y a los otros.
Pero a la vez hay algo que nos determina más allá de lo relacional : La Ley.
Ésta marca a cada uno como sujeto perteneciente a una sociedad, un pueblo, una comunidad. Esta ley no se encuentra atravesada por la elección individual, pertenece al orden de lo impuesto que se alterna entre lo implícito y lo explícito. Pero en aquello que está de forma concreta como legalidad, no debería haber posibilidad de elección. Cuando hay imposiciones, preceptos, leyes y mandamientos ; el sujeto debe responder a la misma en un nivel de causa - efecto, acción- castigo o recompensa.
La realidad por lo tanto esta inmersa dentro de un orden legal como social y vivencial. Cada uno de nosotros se posiciona respondiendo a estos tres órdenes. Esto es lo esperado para poder lograr un equilibrio con nuestro alrededor y así permitir una convivencia que de lugar al progreso individual y social como
así también al enriquecimiento de las experiencias propias y compartidas. Pero ocurre que éstos tres órdenes no siempre tienden a la compatibilidad. Cuando se enfrentan ya sea por responsabilidad individual o compartida, es más complejo tender al equilibrio. Allí somos nosotros mismos los que dudamos del lugar que ocupamos, de nuestro compromiso, de nuestras esperanzas y nuestro accionar. La ley intenta encaminarnos nuevamente hacia el equilibrio. Es un modelo, que sirvió en un comienzo para permitir el pasaje de una realidad individual a una realidad compartida. Se perpetúa y se modifica a través del tiempo, pero muchas veces somos nosotros mismos los que nos apartamos de ella y desprestigiamos aquello que esconde detrás. Incluso cuando reflexionamos sobre nuestro entorno más cercano la familia y amigos, también éste se encuentra atravesado por la ley. En aquello que nos inculcaron, enseñaron y nos transmitieron también ésta reflejada. La ley de nuestro pueblo, es una ley que se perpetúa a través del tiempo. Hay aspectos que se modifican, si bien su esencia se perpetúa. Es eso lo que nos une y convoca como pueblo y comunidad. Es interesante poder posicionarnos y reflexionar a cerca del lugar ocupado en la realidad circundante. Tanto el discurso de los más cercanos, como el valor de la legalidad que nos atraviesa ; son necesarios para responder desde una posición comprometida y concretar en actos y sentimientos el legado que recibimos.
Benei Tikva · Sinagoga Leo Baeck · secretaria@beneitikva.org.ar
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