Opinión | 15/04/11
La última noche del Seder antes del levantamiento del Gueto de Varsovia, estaba sentado Móishele con su padre, los únicos dos sobrevivientes de la familia, y antes de las cuatro preguntas, Móishele pidió a su padre formular una pregunta más, una quinta pregunta.
El padre le respondió : "Formula las preguntas del Seder y luego agrega la tuya. Espero poder responderla". Móishele comenzó : "Dulce padre : ¿En qué se diferencia esta noche de todas las demás ?..." Hasta que llegó la quinta pregunta : "Padre querido, ¿será que el año que viene tú estarás aquí para responderme las preguntas ?". Al padre se le hizo un nudo en la garganta, de sus ojos comenzaron a caer lágrimas y no podía responder a la quinta pregunta. "Hijo querido : ¡Qué pena que no puedo prometerte que estaré aquí el año que viene ! Pero lo más difícil para mí es que tampoco puedo prometerte que tú estarás aquí el año que viene para formular las cuatro preguntas... Pero puedo prometerte que en algún lugar del mundo, habrá un Móishele que formulará a su padre las cuatro preguntas, porque El Santo Bendito Sea prometió a su pueblo que "¡No se apagará Su vela nunca jamás !"".
Agradezco a Yael Lewis, Profesora de Talmud del Seminario Rabínico "Schechter", Jerusalem por haber compartido esta historia del Rabino Shlomo Carlebaj. Y la vela no se apagó ni se apagará jamás, mientras haya alguien que la mantenga encendida, mientras haya hijos que formulen preguntas, mientras las preguntas pasen de generación en generación, mientras estemos nosotros aquí contándoles a nuestros hijos como salimos de la esclavitud a la libertad. ¡Shabat Shalom ve Pesaj Kasher ve Sameaj !
Graciela de Grynberg
Rabina
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