Benei Tikva - Sinagoga Leo Baeck

Opinión

Judaísmo y política

En la revista Debate de esta semana, se encuentra publicada una nota escrita por nuestro rabino Abraham Skorka.

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Un análisis de los textos de los Profetas nos revela la postura del judaísmo referente a la relación entre política y religión. Me detengo en la figura de los Profetas pues la figura sacerdotal aparece limitada al culto sin una directa intromisión en la problemática que afecta a la sociedad. El sacerdote servía para ayudar al hombre en su búsqueda ritual de Dios. El profeta hablaba en nombre de Dios, criticaba a los reyes y dignatarios junto a los poderosos de la sociedad, por las iniquidades que se perpetraban en su seno.

Los textos nos relatan de la existencia de falsos profetas, que adulaban las acciones de los reyes, diciendo que las mismas reflejan la voluntad divina, mientras que otros -inspirados en Dios- decían palabras duras y críticas acerbas (véase Reyes I, 22 : 1-28 ). Los primeros servían de medios de propaganda de las autoridades de turno. Los segundos, de maestros y auténticos guías espirituales.

El profeta no era parte del poder. Ni aspiraba ser parte del mismo. Servía de conciencia ética del pueblo. Hablaba desde una dimensión distinta. Hablaba de lo mundano, pero desprendiéndose de las pasiones que afectan a lo mundano. Su única pasión era el establecimiento de la justicia, la paz, la misericordia, para que a través de los mismos, Dios tuviese una cabida en la realidad humana.

La religión debe dialogar con los distintos factores del poder ; jamás hacer política y mucho menos ser parte del poder, para servir de conciencia de la sociedad. La Historia nos enseña que la fusión entre religión y poder nunca trajo frutos positivos, más bien todo lo contrario. Por otra parte, todo partido político que transforma su plataforma en credo y dogma, desechando el análisis, la confrontación y la sana disputa con otros partidos, conlleva a nefastos resultados como los vivenciados en el siglo pasado, plasmados en los crímenes del nazismo, fascismo, etcétera.

Un rabino debe seguir el paradigma profético. Cuando hay un mal que afecta la dignidad de ciertos individuos en la sociedad, o a la sociedad en su conjunto, es una obligación moral del rabino no callar, no mantener silencio. De tal modo actuó Rabi Abraham Joshua Heschel cuando marchó junto a Martin Luther King por los derechos de los negros en Estados Unidos, o su discípulo el rabino Marshall Meyer cuando luchó por los derechos humanos en la Argentina. No aceptar cargos públicos, ni insinuar que se halla en sus planes hacer una carrera política desde su condición de rabino. El léxico del rabino, sus planteos, deben ser totalmente diferentes al de aquellos que se encuentran abocados a la carrera política.

Heschel demostró, en varios de sus escritos, que si bien la institucón profética finalizó en la generación de Hagueo, Zacarías y Malaquías, el espíritu profético se mantuvo incólume en el pueblo y se manifestaba a través del obrar de algunas personalidades (por ejémplo : Maimónides en su tiempo). Un reflejo del mismo debe manifestarse en la actitud de cada rabino.

El rabino Bergman es respetado por algunas de sus manifestaciones comprometidas en el seno de la sociedad argentina. Pero si es su pasión transformar intrínsecamente la conciencia política argentina, a través de una lucha que -como él mismo manifiesta- podría llevarlo a un puesto de poder, debería hacerlo a través de los canales correspondientes que tiene para ello todo régimen democrático : los partidos políticos, no desde su condición de rabino.

Cuando el rabino Meyer luchaba por los derechos humanos, por la instauración de la democracia, su compromiso era abrir brechas de dignidad en una realidad espiritual y políticamente obturada. Hoy en día, si bien no nos hallamos viviendo en una realidad democrática, pues aún no se ha desarrollado profundamente la conciencia democrática en el seno de la sociedad argentina, sí se está viviendo en un sistema democrático, pues al cabo de los plazos constitucionalmente determinados se realizan procesos eleccionarios ; habiendo, por otra parte libertad de prensa, con muchos vicios, pero libertad al fin. Para respetar esta incipiente democracia es que no se puede caminar en dos caminos paralelos al mismo tiempo. Se debe contribuir a lograr una prolijidad de accionar democrático.

Por otra parte, huelga decir, las opiniones que emite mi colega son a título personal y no reflejan necesariamente la opinión comunitaria.

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